Este fin de semana, dos de mis mas queridos amigos unieron cerebros y carteras y me dieron uno de los regalos mas inesperados y bienvenidos en mucho rato.
Ambos saben cuanto disfruto el café de un tiempo acá y que me he aficionado al americano, dejando de lado lattes y demás malteadas que antes solía consumir. Sabiendo esto y de mis periódicas excursiones a Starbucks, mismas que han quedado ampliamente documentadas para ustedes en estas páginas, se les ocurrió regalarme mi primera prensa francesa para hacer café.
Sobra decir lo sorprendido y encantado que estaba con el regalo. Tan pronto me fué posible me lancé por todo lo necesario para poder empezar a usar mi regalito. Como era de esperarse, las cosas no fueron tan sencillas.














De parte del respetable